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Noviembre de 2010
El estudio agroambiental del cultivo de la alfalfa en el Valle del Ebro y Castilla-León, ha sido realizado por la empresa Gabinet d’Estudis Multidisciplinars SL (GEM SL), por encargo de la Asociación Interprofesional de Forrajes Españoles, AIFE.
El objetivo del estudio ha sido determinar el papel de los cultivos de alfalfa en el agro-ecosistema y las consecuencias derivadas de su manejo y agronomía, en los suelos, las aguas, la flora, el paisaje y la fauna, con especial interés en la fauna ornitológica protegida.
Se han analizado las características botánicas de la alfalfa y las técnicas de cultivo que se le aplican, así como los diferentes ciclos biológicos de los organismos que dependen de ella, ya sea directamente proporcionándoles refugio y alimento, o indirectamente alimentando a las potenciales presas. Se estudiaron también los procesos mediante los cuales el cultivo crea paisaje y protege las aguas.
A partir de los datos recogidos, se proponen algunas prácticas agroambientales que serían convenientes para maximizar los efectos positivos del cultivo de alfalfa en el medio ambiente y a la vez, para paliar los posibles problemas que su explotación pudiera generar.
Por último, a partir de las informaciones recogidas, se establecen, concretan y definen medidas agroambientales, con el de objetivo incrementar los aspectos positivos de los alfalfares respecto a la biodiversidad en general, y en particular para las aves protegidas.
Según los datos de las estadísticas del Ministerio de Medio Ambiente Rural y Marino, datos definitivos para el año 2008, en España hay 216.281 ha cultivadas con alfalfa. Al comparar estos datos con los que recogen los anuarios estadísticos del INE se puede observar que la evolución de los últimos treinta años en la superficie cultivada de alfalfa en España, muestra una disminución evidente, como reflejan las cifras que recoge la tabla adjunta:
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Total |
Secano |
Regadío |
1979 |
339.446 |
87.502 |
251.944 |
1989 |
283.282 |
72.349 |
210.933 |
1999 |
252.124 |
71.643 |
180.481 |
2008 |
216.281 |
57.969 |
158.312 |
Tabla 1 – Superficies cultivadas de alfalfa, en hectáreas (Anuarios estadísticos del Instituto Nacional de Estadística)
El destino de la producción de alfalfa es, por orden de importancia, la deshidratación (más del 63%), henificado (25%), y el consumo en verde y ensilado (12%). Las zonas productoras de alfalfa no coinciden exactamente con las principales zonas consumidoras, lo que ha contribuido al desarrollo de la industria española de deshidratación de forrajes. Las industrias de deshidratación de forrajes se ubican casi exclusivamente en el Valle del Ebro y Castilla y León.
La demanda interior de forrajes deshidratados de las zonas ganaderas se ve muy influida por el año climático y la disponibilidad de forrajes en verde. El régimen de ayudas a la alfalfa desecada, permite que la producción sea competitiva frente a productos alternativos.
El papel medioambiental de los cultivos de alfalfa es muy amplio y abarca todos los aspectos del agro-ecosistema. Entre ellos destacan los siguientes puntos:
- Conservación del suelo: Las profundas raíces de esta planta, que cubre el suelo de vegetación durante todo el año, impiden el arrastre de las partículas del suelo por el viento o la lluvia, protegiéndolo así de la erosión
- Conservación de los recursos hídricos: Este cultivo actúa como un filtro vivo, que ayuda a eliminar contaminantes de las aguas.
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Al ser una leguminosa asociada a bacterias del género Rizobium, no necesita aportaciones de nitratos, ya que la bacteria fija el N atmosférico en la medida de las necesidades de la planta.
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Su profundo sistema radicular permite el aprovechamiento de los fosfatos y nitratos lixiviados, inalcanzables para otros cultivos, y que de otro modo contaminarían aguas superficiales y subterráneas.
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Tanto el nitrógeno fijado, como los fosfatos y la potasa recuperados de capas profundas del suelo, pasan a formar parte de las plantas, y permanecen en las raíces. Al acabar el cultivo, los nutrientes se liberan lentamente conforme las raíces se mineralizan; este hecho permite reducir las aportaciones de fertilizantes, potencialmente contaminantes, en los cultivos que siguen a la alfalfa.
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La alfalfa ha sido utilizada con éxito para absorber nitratos de acuíferos contaminados y para reciclar efluentes de industrias lácticas y de depuradoras municipales. Su resistencia a la salinidad y el gran desarrollo de sus raíces la hacen muy adecuada a estos objetivos.
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Aunque es cierto que la alfalfa en regadío puede llegar a utilizar una cantidad significativa de agua al año, este cultivo es muy eficiente ya que está entre los que más materia seca que se obtienen por metro cúbico de agua aplicado.
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Valor estético en el paisaje: Los paisajes del Valle del Ebro y la Sub-meseta Norte son, en la mayor parte de su superficie, paisajes agrícolas, resultado de siglos de trabajos campesinos. Los colores, las luces y las sombras, las texturas y los perfiles son los que son porque se trabaja la tierra de una forma determinada.
En este contexto el cultivo de la alfalfa contribuye con su vegetación al contraste y la riqueza de los horizontes de muchas llanuras agrícolas. Verde en verano, cuando el sol tuesta los rastrojos resecos, y verde en invierno, cuando las sementeras lucen el ocre de la tierra. Los cultivos de alfalfa enriquecen con verdor y frescura las monotonías cerealistas de la mayoría de los paisajes agrícolas de estas zonas.
En comparación a los cultivos herbáceos que aparecen junto a ella, la alfalfa presenta características medioambientales de gran interés, que pasamos a enumerar:
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Pocas labores de cultivo. No son necesarios los arados anuales de los cultivos cerealísticos, se labra la tierra únicamente al inició del ciclo de aprovechamiento, y otra al finalizar éste a los 4 o 10 años. Durante su periodo útil sólo son necesarias sus siegas habituales, por tanto la energía mecánica que consume en comparación a los otros cultivos es mínima.
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Balance de CO2. Al tener una mecanización baja contribuye a disminuir los costes económicos, a la vez que produce menos CO2 que otros cultivos. La alfalfa también es muy eficiente en la fijación de CO2, mucho más que otros cultivos extensivos como el maíz, la cebada y el trigo. Esta mayor eficiencia fotosintética se prolonga durante los 4 o 10 años de vida útil y continuada de la explotación. El cultivo es pues muy positivo en la lucha contra el efecto invernadero.
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Bajas necesidades de insumos. Las necesidades de abonos, herbicidas, insecticidas y fungicidas, suelen ser muy bajas en comparación con otras siembras, como la del maíz.
Reviste gran importancia poner en relieve las cualidades medioambientales de la alfalfa, dentro de la coyuntura de la reforma de la PAC. El establecimiento de un subsidio ambiental para este cultivo, incentivaría su mantenimiento en las proporciones actuales, y evitaría su desaparición en momentos en que el mercado proporcione precios poco remuneradores.
De hecho, en algunas Zonas de Especial Protección de Aves (ZEPA), como la de las lagunas de Villafáfila, las autoridades ambientales han tomado la iniciativa y han adquirido fincas, donde cultivan alfalfa para asegurar la subsistencia de las aves. Desgraciadamente este tipo de medidas no se pueden generalizar, ya que su alto costo es prohibitivo.
El estudio tiene como ámbito territorial la Comunidad de Castilla y León y la Cuenca del Ebro, que son también las zonas que concentran el 83% de la producción de alfalfa de España. La Sub-meseta Norte y el Valle del Ebro son dos ámbitos muy diferentes por lo que respecta a geología y clima, dos unidades claramente diferenciadas, que se ha estudiado por separado. Ambas presentan asimismo numerosas variaciones internas que aportan una gran diversidad.
La Cuenca del Ebro, ocupa una superficie de 85.362 Km2. Representa el 17,3% del territorio español, y es la cuenca más extensa de España y afecta nueve comunidades autónomas. La Comunidad Autónoma de Castilla y León coincide casi totalmente desde el punto de vista geomorfológico con la Sub-meseta Norte, e hidrológicamente con la Cuenca del Duero.
En la zona del estudio se cultiva más del 85% de la alfalfa de todo el país. Dentro de estas dos grandes unidades, el cultivo de la alfalfa cubre menos del 2% de las tierras labradas, y se encuentra concentrado sobretodo en determinadas provincias, donde llega a representar algo más del 3% de la superficie agrícola, mientras que es casi inexistente en otras.
La alfalfa es un cultivo que crece habitualmente en regadíos y zonas húmedas, con un rango altitudinal bastante amplio, ya que aparece entre los 200 y los 2.000 metros de altitud.
El carácter cosmopolita y pluriregional del cultivo contribuye a que se localice cercano a hábitats de carácter bastante variado. Los campos de alfalfa forman mosaicos con otras comunidades vegetales, arbóreas, arbustivas u otros cultivos con los cuales suelen alternarse en rotación. Debido a la gran variedad de hábitats con los que este cultivo comparte el espacio y forma un mosaico paisajístico, la alfalfa alberga de forma puntual o permanente muchas especies animales.
Los campos de alfalfa contienen numerosos insectos: gusanos, coleópteros, libélulas. Estos insectos se alimentan tanto de la propia planta, como de otras especies animales y vegetales que prosperan en el campo y sus márgenes.
Algunas aves se alimentan directamente de la alfalfa, y/o de los invertebrados presentes en el cultivo, pero también muchas rapaces cazan conejos y reptiles que habitan los alfalfares, donde encuentran alimento y refugio.
La alfalfa y los insectos que alberga se sitúan en las partes bajas de la pirámide trófica, y constituyen a su vez el alimento de otras especies, como perdices, sisones, avutardas, lagartos y conejos, que a su vez son cazados por aves rapaces o mamíferos depredadores como el zorro.
Muchas especies pueden anidar o refugiarse en los alfalfares, otras pueden vivir en bosques cercanos y alimentarse en las zonas abiertas, como los campos de alfalfa. Incluso las hay que se limitan a visitar este espacio durante la migración, para alimentarse con los muchos insectos del cultivo, el caso de muchos paseriformes que en migración se sienten atraídos por este hábitat.
Sea como sea, el cultivo alimenta y da refugio a una gran variedad de especies animales, desde artrópodos hasta mamíferos, entre las cuales se encuentran algunas de las más amenazadas, como el águila perdicera, o de las más emblemáticas como la avutarda, y en consecuencia, más protegidas de la Península Ibérica.
En el Anexo 2 del estudio se relacionan las 117 especies de aves protegidas de las zonas de estudio que dependen directa o indirectamente del cultivo de la alfalfa. En el Anexo 3 se incluye una sucinta ficha de las características principales de cada una de dichas especies de aves.
La alfalfa es un cultivo que ha ocupado las campiñas del Valle del Ebro y Castilla – León durante milenios, desde su temprana introducción, procedente de Persia en el siglo I aC. Aunque en conjunto está presente en algo menos del 2% de las tierras agrícolas de la zona de estudio, en ciertas comarcas llega a ocupar más del 10% de las superficies arables, siendo en estas comarcas un elemento central de la combinatoria de cultivos tradicional.
El papel medioambiental de los cultivos de alfalfa, que abarca todos los aspectos del agro-ecosistema, desde el suelo hasta las aguas, a la biodiversidad o el paisaje. Destaca el cultivo en la conservación del suelo, ya que gracias a sus profundas raíces, y a la presencia de vegetación durante todo el año, lo preserva de la erosión. Contribuye también a la conservación de los recursos hídricos, actuando como un filtro vivo, para eliminar contaminantes de las aguas.
Es innegable el valor estético de la alfalfa en los paisajes agrícolas del Valle del Ebro y la Sub-meseta Norte, a los que aporta verdor, texturas y perfiles, contribuyendo con su vegetación al contraste y la riqueza de los horizontes.
La alfalfa es también sustento de los ecosistemas, alimento de numerosas especies de insectos y herbívoros vertebrados, refugio y protección contra predadores, lugar de apareamiento y nidada, y espacio de caza de aves rapaces y otros carnívoros.
A lo largo de los capítulos del estudio y en los anexos correspondientes, se enumeran con detalle las más de cien especies de aves protegidas, que necesitan de este cultivo para su vida, sea para la alimentación, el refugio o la reproducción, y las medidas culturales que pueden ayudar a mejorar las importantes funciones ambientales de los alfalfares.
Las consecuencias medioambientales, que se derivarían de una importante disminución de las superficies sembradas de alfalfa, pueden ser muy graves, en especial por lo que respecta al paisaje y la biodiversidad, y muy en especialmente para las 117 especies de aves protegidas, que se describen, y que dependen directa o indirectamente de este cultivo para su sustento y protección.
La substitución masiva de los campos de alfalfa de secano por cereales, significaría una estación estival sin recursos alimenticios ni refugio para numerosas aves. En regadío, aunque hay más diversidad de cultivos de verano, muy probablemente los campos de alfalfa serían substituidos por otros cultivos poco convenientes para las aves de espacios abiertos. La substitución del hábitat del alfalfar por otros cultivos desencadenaría consecuencias muy difíciles de prever.
También hay que tener en cuenta que las zonas donde se cultiva la alfalfa son, en general, zonas muy poco habitadas, donde las industrias de transformación suponen una de las pocas actividades económicas de importancia que se pueden desarrollar.
Queda pues, ampliamente justificada la conveniencia de implementar ayudas agro-ambientales al cultivo de la alfalfa, que favorezcan el mantenimiento de los alfalfares en los campos de Castilla – León y el Valle del Ebro, al menos en la proporción en la que los ocupan hoy en día, a fin de que continúen cumpliendo con el importante papel, que vienen ejerciendo respecto a la biodiversidad y el paisaje de las comarcas en las que están presentes. |